martes, 1 de junio de 2010

Parcial: Diversidad frutal en la antesala deportiva



Con su piel quemada por el arduo trabajo de vender frutas, jugos y salpicones a las afueras del estadio; John Palacio, de 34 años de edad, expresa una inmensa felicidad y amor por lo que hace desde que inició, ya hace 14 años, al lado de su hermano, con naranjas, mangos y bananos, en una mesa, una sombrilla rota, en la acera del estadio.

Aunque para muchos el fin de semana significa descanso y rumba, para John representa como dice: “sacarse la espinita con los días malos de la semana”.

Su jornada comienza cuando la noche aun está viva; a las tres de la madrugada, cuando, trata de conseguir un carro que lo lleve desde Santo Domingo, en el Nororiente de Medellín, donde vive con su esposa e hijos, hasta la Plaza Minorista en busca de los productos que venderá durante el día. La búsqueda debe ser rápida y efectiva en cuanto a tiempo y rebusque de precios para que las ganancias sean mayores, al finalizar la jornada.

A las seis de la mañana, entre saludos con sus vecinos de trabajo y algunos clientes un poco agitados por el ejercicio, retumba el fuerte sonido al subir la persiana del local, indicando que los productos de “Fruty Brother” ya están listos para consumir y las dos mesas que John antepone frente al mostrador dan comienzo a lo que él cree será un día de éxito en ventas.

Sus metas comerciales son claras y específicas, John sabe que tiene hasta las diez de la noche, cuando termina su jornada para recuperar la inversión de los productos que compró en la mañana, el cargo fijo de los servicios públicos y los dos mil pesos de arriendo diario por su local, que debe cancelarle a la Alcaldía de Medellín. El restante, es para su familia.

En medio del singular proceso que tiene hacer un buen salpicón, Jhon cuenta cómo fue la gestión de reubicación de vendedor ambulante a uno legalizado ante Espacio Público, de la alcaldía de Medellín con un local diseñado para su trabajo.

John fue beneficiado, por su antigüedad y buen comportamiento en las afueras del Atanasio, de este proceso de legalización: “Llevo 14 años trabajando aquí y aquí me quedo”. Resalta importantes y positivos comentarios respecto a la experiencia en su trabajo con los pasados Juegos Suramericanos

Su gran esfuerzo en este evento lo relata con mucha emoción, porque superó sus ventas diarias en un 200%, que le dio un poco de tranquilidad para los próximos meses. La gran evolución de su trabajo se la atribuye, en parte, a la Alcaldía de Medellín, que inició un proyecto de mejoramiento del espacio público, pero que también mejoró la calidad de vida y trabajo de los que han creído y apostado todo en esa labor informal.

La convicción que Jhon Palacio tiene de su labor es muestra de que la lucha diaria, por dura que sea, al final será una gran recompensa al esfuerzo que le puso a todos los jugos y salpicones que la gente paga y disfruta.

Él, finalmente, quiere compartir, con todo aquel que quiere emprender su propio negocio: "Que le eche ganas, pa'lante, que con ganas cualquier negocio, por duro, que sea se saca adelante".

FINAL: Yady Andrés le pone química a su trabajo como mesero




Yady Andrés Pino Jaramillo nació hace 29 años en el ceno de una familia paisa de Medellín, conformada por cuatro hermanos. Estudió la primaria y la secundaria en el Instituto San Carlos de La Salle. Se graduó en 2009 como Ingeniero Químico en la Universidad Nacional de Colombia, sede de Medellín pero en la actualidad, se desempeña como mesero en el prestigioso Country Club de Ejecutivos.

A las cinco de la mañana del sábado 29 de mayo del 2010, el portero de la urbanización Rodeo Alto me preguntó: “¿para donde se dirige y cuál es su nombre?”, yo le respondí: “mi nombre es Pablo Valencia y voy para el apartamento 1710, donde Yady Andrés”; el me expresó: “un momento por favor lo anuncio”. Después de unos segundos me respondió: “bien, pueda entrar señor Pablo lo están esperando”. En el ascensor repasé las preguntas para Yady.

A la salida del ascensor, él me espera en pijama, a la entrada de su apartamento. Un apretón de manos fue el primer contacto que tuvimos y me invitó a seguir: corrió una silla del comedor y me pidió que me sientara; me ofreció un tinto y se lo acepté. Luego, nos dirigimos a su habitación, donde tiene todos sus implementos de trabajo.
“Me gusta mucho mi trabajo, aunque no lo crean, ser mesero resulta ser muy bueno y divertido, por las propinas que los clientes nos dejan; obviamente, si los atiendes bien y también es agradable por estar en grandes espectáculos con libre acceso. En la vida no todo es color de rosa: ser mesero no es nada fácil; a veces, algunos socios del club, te tratan mal y uno debe aguantarse para evitar problemas con ellos. Memorizar el menú y asesorar los clientes en la preparación de este, fue lo más difícil para mí”, expresó.

En un morral vi como Yady empaca de forma meticulosa su uniforme bien planchado, una candela, el sacacorchos y algo muy importante en su labor: la libreta y el lapicero con que anotará los pedidos de sus clientes.

En su moto Honda 100, nos dirigimos por la Avenida 33, para tomar la transitada vía Las Palmas, donde hacemos un recorrido de 15 minutos para llegar a su lugar de trabajo.

“Buenos días Yady”, le expresó el portero del club, registrando su hora de entrada con el carnet de identificación como empleado, “¿Quién es su acompañante?”, Yady le respondió: “el es un estudiante de Comunicación Social de la Universidad Eafit que viene a realizar una entrevista y ya está autorizado para ingresar”. El portero me pidió mi documento de identificación para registrarlo y me dijo: “bienvenido señor Pablo, adelante”.

En el vestier para empleados Yady se puso su uniforme y guardó en su morral todo lo que no necesitaba. Miró el reloj y me indicó que iríamos para el salón Siglo XXI donde haríamos la entrevista en compañía de Nelson Restrepo, gerente de la empresa Mararuba C.I y es uno de sus clientes.

Al lado derecho del salón había una mesa redonda, de cuatro puestos, donde estaba un señor sentado, que supongo era el cliente. Llegamos hasta la mesa y en efecto Yady me presentó al señor Nelson. Luego procedimos a sentarnos y, mi amigo, en su ejercicio de mesero, colocó tres puestos para servir el desayuno. Frente a unos deliciosos omelet y una taza de café, Yady contó que empezó a trabajar como mesero para poder pagarse sus estudios universitarios y colaborar con los gastos familiares.
“Ingrese al Country, en el año 2001, trabajando sólo cuatro días a la semana; luego vinieron muchos sacrificios, porque los turnos de trabajo se me cruzaban con las clases y, muchas veces salía de acá para clase de seis, trasnochado, cansado y en algunas ocasiones sin hacer las tareas; hubo días que me gozaron porque me quedaba dormido en el salón, pero bueno, después vendrían tiempos mejores” dijo con una sonrisa.

Me explicó que, al inicio, las labores que le asignaban eran muy elementales y, que a veces, se sentía como si estuviera perdiendo el tiempo. Además, se sentía mal por no estar atendiendo directamente los clientes y así poder recibir las propinas.
“Las cosas fueron cambiando, en los meses posteriores, mis jefes vieron en mi la agilidad y el buen servicio para atender los clientes, asignándome tareas más especificas y de mayor importancia. Teniendo a mi cargo una parte importante del comedor central, en un acuerdo con mis jefes, tomamos la decisión de hacer los turnos sabatinos y dominicales, para no descuidar los estudios y se escogió estos turnos porque, a nivel económico, me ganaba la misma plata que si trabajara de lunes a viernes”.

Luego de terminar el desayuno, le pregunto a Yady si tiene alguna anécdota que quisiera compartir y sonriéndo me dijo: “una muy particular. Al inicio, en el Country me mandaron a apoyar a un compañero porque había mucha gente y él me señalo una mesa para que la atendiera. Fui a atender al cliente, dentro de su pedido solicito una Pepsi. Por la prisa, anoté una Coca Cola que, al momento de entregar el pedido no le vi problema. Entregué lo que ordenó y me alejé pendiente de la mesa, luego vi que el señor llamó a mi compañero que estaba ocupado en otra mesa, cruzaron unas palabras y se fue a cambiar la Coca Cola por una Pepsi. Intrigado, fui donde mi compañero para preguntarle qué había pasado y él me dijo que la gaseosa obligatoriamente tenía que ser Pepsi porque el señor era el gerente de Postobón y no podía tomar Coca Cola".

De forma respetuosa, me dirigí al señor Nelson para preguntarle en que concepto tenia a Yady como persona y como mesero y me respondió: “desde hace 12 años que pertenezco al club, solo me he “casado” con dos meseros, un muchacho Juan Alberto que ya no trabaja en el club y Yady que me ha atendido durante varios años. Es una persona muy seria y ágil. Por lo general, sabe qué y cómo me gustan las cosas y tenemos una relación con mi esposa e hijos no de cliente-mesero, sino más de amistad. Cuando Yady no está prefiero utilizar el bufet o el servicio de la barra”.

Al salir para la portería del club, Yady me expresó su amor hacia su trabajo y, aunque es un profesional, se siente muy orgulloso de trabajar como mesero. Con una frase que tiene un aire de refrán me comentó: “todo llega a su debido tiempo y cuando la vida dìga que mi ciclo de mesero ha terminado, me enfocaré en mi carrera profesional, la Ingeniería Química”.
Igual que al comienzo nos dimos un apretón de manos para terminar la entrevista y me expresó lo bien que la pasó en esta experiencia de entrevistado, puesto que se sintió una persona muy importante explicando la rutina diaria de un mesero, que para muchos es algo común y corriente.

“Gracias Pablo, hasta una nueva ocasión”.